Cómo funciona
La célula saca energía de un azúcar, la glucosa, y empieza por partirla en dos mitades. Ese primer tramo no necesita oxígeno y se llama glucólisis. Cada una de las mitades que quedan recibe el nombre de piruvato.
El corte deja una ganancia pequeña de energía. La célula la guarda en su moneda de energía, el ATP, que gasta cada vez que tiene que hacer algo. Por cada glucosa partida se lleva 2 ATP.
El corte tiene una condición. Al partir la glucosa, la célula carga un transportador, el NADH, y tiene que descargarlo para poder partir la siguiente. Si no lo descarga, la glucólisis se para y la célula se queda sin su ganancia.
Se parece a una cocina con pocas bandejas. Cada azúcar que se trocea llena dos bandejas, y mientras nadie las vacíe no queda ninguna libre para trocear el siguiente. Las bandejas llenas son el NADH. La cocina puede tener azúcar de sobra y estar parada igual, porque lo que falta es dónde ponerlo.
Con oxígeno, la cocina tiene un mostrador donde vaciar las bandejas, y en ese mostrador se gana mucha más energía. Sin oxígeno, el mostrador está cerrado. La cocinera vuelca entonces cada bandeja sobre lo que quedó del propio azúcar y lo saca por la puerta.
Eso es fermentar. La célula descarga el NADH sobre el piruvato, sin ayuda de nada que venga de fuera, y expulsa el resultado. El transportador queda libre otra vez y la glucólisis puede continuar. Por eso la fermentación deja un producto que sale de la célula: lo que queda del piruvato, o de algo que se forma a partir de él, después de recibir esa descarga.
Lo que sale por la puerta cambia según quién fermenta. Unas bacterias, las bacterias lácticas, expulsan el ácido que agria la leche, el ácido láctico. Unos hongos de una sola célula, las levaduras, expulsan alcohol, y con ellas se hacen el pan, la cerveza y el vino.
El precio de fermentar es que rinde muy poco. La misma glucosa da unos 38 ATP cuando hay oxígeno, y fermentada se queda en torno a los 2 del corte. Una célula que fermenta necesita por tanto mucha más glucosa para reunir la misma energía. Esa ganancia corta basta, aun así, para mantener viva a la célula cuando el oxígeno falta.