Cómo funciona
Primero conviene fijar qué se discute. Los seres vivos se construyen con compuestos de carbono llamados moléculas orgánicas. Entre ellas están los aminoácidos, que son los eslabones de las proteínas, y las proteínas son las moléculas que realizan buena parte del trabajo de una célula. La pregunta de la panspermia es de dónde salieron esas piezas, y si alguna vez llegó algo más que piezas.
La parte mejor documentada es la química. Los meteoritos contienen aminoácidos y azúcares cuya estructura química indica que se formaron fuera de la Tierra. En el gas y el polvo que rodean a los cometas aparecen también moléculas orgánicas. Y los radiotelescopios han detectado más de cien tipos de moléculas en las enormes nubes de gas y polvo que flotan entre las estrellas, entre ellas el formaldehído y el alcohol, que sirven de peldaños hacia moléculas más complejas. Esas moléculas se encuentran sobre todo donde hay más polvo, que son además las regiones donde se forman con más facilidad las estrellas y, probablemente, los planetas.
De ahí sale el mecanismo propuesto. La Tierra primitiva estuvo durante un tiempo demasiado caliente para que sobrevivieran compuestos orgánicos. Cuando la superficie se enfrió, los fragmentos de asteroides y cometas que caían sobre ella pudieron renovar la reserva de esas sustancias. Hay un matiz: la Tierra también pudo fabricar sus propias piezas, y los experimentos de Miller y Urey, desde principios de los años cincuenta, reprodujeron en el laboratorio algunos de esos componentes. Pero esos experimentos usaban gases ricos en hidrógeno, como el amoníaco y el metano, y la atmósfera de la Tierra joven probablemente estaba dominada por dióxido de carbono. Otra fuente terrestre posible son las chimeneas hidrotermales, fondos marinos donde el agua circula por la roca y sale sobrecalentada. En conjunto, las fuentes terrestres y las extraterrestres pudieron contribuir, aunque la prueba directa es mayor para las segundas.
El paso siguiente es más audaz: que la vida misma se originara en otro lugar y llegara sembrada. Es concebible, pero tiene un límite. Aunque fuera cierto, no responde a la cuestión de cómo se originó esa vida. Y ese origen es difícil de explicar. Incluso las moléculas de los genes más simples contienen millones de unidades dispuestas en un orden preciso, y hasta la vida más primitiva necesitó dos capacidades: obtener energía del entorno y codificar información para copiarse con fidelidad. Cómo se juntaron ambas en los primeros organismos es algo que aún se desconoce.
Queda la cuestión del viaje. Para que algo vivo llegara, tendría que resistir condiciones duras. Los extremófilos, microbios que toleran o incluso prefieren condiciones hostiles para la mayoría de los seres vivos, muestran que la vida aguanta más de lo que se suponía. Aun así, ese dato no demuestra que un microbio pueda cruzar el espacio. Solo ensancha lo que se considera posible.