Cómo funciona
Todo empieza con un balance de energía, como una cuenta con entradas y salidas. Entra la radiación del Sol: unos 1361 vatios por metro cuadrado en lo alto de la atmósfera (el vatio mide cuánta energía llega cada segundo). Una parte se refleja y vuelve al espacio. El resto se absorbe y calienta el planeta.
La Tierra devuelve energía al espacio en forma de radiación infrarroja, un tipo de luz que el ojo no ve. Algunos gases de la atmósfera frenan esa salida y retienen parte de la energía. Son los gases de efecto invernadero: el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el N2O y otros.
Desde aproximadamente 1750, las emisiones humanas han elevado su concentración. En 2019, la media anual de CO2 rondaba las 410 ppm, es decir, unas 410 partes por cada millón de partes de aire. Esa alteración del balance se llama forzamiento radiativo. El forzamiento humano neto en 2019, respecto a 1750, era de unos 2,72 vatios por metro cuadrado. «Neto» significa que ya se han descontado los efectos humanos que enfrían.
La energía sobrante no desaparece. En torno al 91 % se almacena en el océano. El resto calienta la tierra y la atmósfera y derrite hielo. La temperatura superficial global de 2011 a 2020 fue unos 1,09 °C más alta que la de 1850 a 1900, el periodo preindustrial de referencia.
Mientras el forzamiento siga alto, el clima no vuelve solo a su estado anterior. Estabilizar la temperatura exige, como mínimo, emisiones netas de CO2 nulas: que lo que emiten los humanos quede compensado por lo que los humanos retiran del aire. También exige recortes fuertes de otros gases. Una parte del CO2 sigue en la atmósfera siglos y milenios, y por eso domina el largo plazo. El metano se elimina en torno a una década, así que recortarlo frena el ritmo del calentamiento cercano.
La atribución calcula cuánto de un cambio observado se debe a causas humanas y cuánto a naturales. Según el IPCC, entre 2010 y 2019 la influencia humana explica 1,07 °C, con un intervalo probable de 0,8 a 1,3 °C. El Sol y los volcanes juntos aportan entre −0,1 y +0,1 °C. Las simulaciones por ordenador con solo causas naturales no reproducen la curva observada. Las que suman causas humanas y naturales, sí.
El sistema tiene inercia. El océano profundo, el hielo y el nivel del mar cambian a lo largo de siglos y milenios. Aunque las emisiones netas de CO2 bajaran a cero mañana, parte del mar seguiría subiendo.