Cómo funciona
Todo el ADN de un ser vivo recibe el nombre de genoma. Una parte son instrucciones para fabricar cosas, los genes. Otra parte son trozos que pueden cambiar de sitio dentro del genoma, y cada uno de esos trozos es un transposón. Saltar significa eso: aparecer en un punto del ADN en el que antes no estaba.
El genoma se parece a un cuaderno de recetas lleno de notas adhesivas. Las recetas son los genes y las notas son los transposones. La imagen tiene un límite, porque a estas notas no las mueve nadie. El cambio de sitio ocurre dentro de la célula y sin que nada lo decida.
Hay dos maneras de moverse. La primera es copiar y pegar. La célula saca del transposón una copia de trabajo temporal, igual que hace con otros tramos de ADN para poder leerlos; esa copia se llama ARN. A partir del ARN se fabrica ADN nuevo, que entra en otro punto del genoma.
En el copiar y pegar el original no se mueve. Al terminar hay dos trozos iguales donde antes había uno, como una nota que se fotocopia para pegar la copia en otra página. El transposón que se mueve así se llama retrotransposón.
La segunda manera es cortar y pegar, y en ella no interviene el ARN. El trozo sale del lugar que ocupaba y entra en otro, como una nota que se despega de una página y se pega en otra. Este tipo recibe el nombre de transposón de ADN.
Lo que ocurre después de un salto depende del sitio de llegada. Un gen está encendido cuando la célula lee sus instrucciones y apagado cuando no las lee. Si el transposón entra dentro de un gen, puede interrumpirlo y dejarlo sin funcionar: la nota tapa la receta y ya no se puede leer. Si queda al lado de un gen, puede cambiar cuánto, cuándo o dónde se enciende, como una nota en el margen que cambia las cantidades. También puede caer donde no afecta a nada, como una nota en una página en blanco.
Con tantas notas, el cuaderno sigue siendo legible por dos motivos. En las personas, casi todas las copias han acumulado cambios en su propio ADN que las han estropeado, y ya no pueden moverse: son notas viejas que no se despegan. A las que quedan, la célula intenta frenarlas con marcas químicas sobre el ADN, que suelen dejar apagado ese tramo, como si estuviera tachado. Esas marcas se llaman metilación del ADN y hacen de celo sobre la nota.