Cómo funciona
Un cuerpo muerto empieza a deshacerse enseguida, y en animales como una gamba lo hace sobre todo desde dentro. Las sustancias del propio cuerpo empiezan a deshacer sus tejidos, y eso se llama autodigestión. Además se rompe la pared del intestino, y las bacterias que vivían en él se extienden por el resto.
Un melocotón olvidado en el frutero da una idea de lo que viene después. La pulpa se pudre en pocos días y el hueso sigue ahí. En un animal ocurre algo parecido: lo blando desaparece y lo duro aguanta.
El resto tiene más opciones donde cae material nuevo a menudo, como en lagos, mares y desembocaduras de ríos. En lagos y deltas, además, el agua se mueve poco, y es de esperar que los cadáveres lleguen menos dañados por el transporte y la erosión. Ese material es el barro y la arena que se depositan en el fondo del agua, y se llama sedimento. Si tapa el resto pronto, lo aísla de casi todo lo que lo destruiría desde fuera.
Lo blando tiene tres enemigos: su propia digestión, las bacterias y los animales que se alimentan de restos. Los huesos y las conchas llevan minerales que aguantan bien la descomposición y el desgaste. Por eso casi todos los fósiles son partes duras.
El segundo paso llega con el resto ya enterrado. El hueso y la madera están llenos de huecos diminutos. El agua del subsuelo lleva minerales disueltos, circula por esos huecos y los va dejando dentro hasta llenarlos. Ese relleno se llama permineralización y se da sobre todo en partes duras. Es una de las formas de fosilización.
El agua del grifo que pasa una y otra vez por un hervidor deja cal pegada en el fondo. Algo parecido hace el agua del subsuelo con el mineral en el hueso enterrado. La forma original se mantiene, a veces con el detalle de las células, y la pieza pesa más que antes.
Lo blando casi nunca llega a conservarse. Además del entierro rápido, probablemente hace falta que algo frene enseguida esa digestión propia. Así se entiende que sean muy raros los yacimientos con partes blandas conservadas.
Hay fósiles que no pasan por el relleno de mineral. De una hoja o un insecto puede quedar solo una lámina de carbono casi plana y normalmente negra, lo que se llama carbonización. Otros restos quedan atrapados en ámbar, que es resina de árbol endurecida.
Una concha puede dejar un molde. Unas veces es la marca que imprime en el sedimento cuando aún está blando. Otras veces el sedimento rellena la concha y se endurece, la concha se disuelve y queda la copia de su interior.
Una capa de microbios extendida sobre el fondo puede envolver un cadáver y frenar su descomposición. En un experimento, los tejidos internos de unos peces tapados así duraron más de 1.000 días, mientras que sin la capa se deshicieron del todo. La envoltura deja además un molde del relieve del cuerpo, hasta de los pelos de una mosca.