Cómo funciona
Un virus es un paquete minúsculo de instrucciones genéticas envuelto en una cubierta. No come. No crece por su cuenta. Para copiarse necesita entrar en la célula de otro ser vivo y usar su maquinaria.
El VPH no es un único virus. Se han identificado más de 200 tipos distintos, parecidos entre sí como los modelos de una misma marca de coches. Unos 40 se contagian por contacto sexual. Por eso se cuenta entre las infecciones que pasan de una persona a otra en las relaciones sexuales, las llamadas infecciones de transmisión sexual o ITS.
En las mujeres, la parte del cuerpo que más importa en esta historia es una zona concreta del útero: la parte estrecha que lo une con la vagina, el cuello del útero, que los médicos llaman cérvix.
Para entender qué puede hacer el virus ahí, sirve pensar en una bicicleta. Cualquiera que haya bajado una cuesta sabe que lo que da seguridad no es el pedal, sino el freno. Las células del cuerpo también tienen frenos.
Esos frenos son proteínas que detienen a la célula cuando no le toca dividirse, o cuando algo en su interior ha salido mal. Se llaman proteínas supresoras de tumores, porque impiden que se formen masas de células que crecen sin orden.
Aquí entran en juego los tipos de VPH de alto riesgo, también llamados oncogénicos: los que pueden favorecer la aparición de un cáncer. Fabrican dos proteínas propias, las oncoproteínas. Su efecto es destruir precisamente esos frenos de la célula.
Una célula sin frenos es como una bicicleta lanzada cuesta abajo: puede seguir dividiéndose una y otra vez cuando no debería. Un cáncer es justo eso, un grupo de células que se multiplican sin control.
Pero entre el contagio y el cáncer hay un camino largo que casi nunca se recorre entero. Más del 90% de las infecciones por tipos de alto riesgo desaparecen solas en unos dos años. Solo una fracción pequeña de las personas infectadas acaba teniendo lesiones en el cuello del útero que avanzan hasta un cáncer.
Pasa algo parecido a un resfriado, que llega y se va sin dejar huella. Con el VPH, lo habitual también es que el virus se marche. La diferencia está en los pocos casos en que no lo hace.