Cómo funciona
Todo empieza en la trompa de Falopio, el conducto por el que baja el óvulo. Tras la fecundación, el cigoto (la primera célula del nuevo individuo) avanza hacia el útero empujado por las contracciones de la pared de la trompa y por el movimiento de unos filamentos diminutos, los cilios, de las células que la tapizan. Durante el viaje se divide cinco o seis veces. Cada división, llamada segmentación, produce más células pero no aumenta el volumen total: el material del cigoto se reparte en trozos cada vez más pequeños, los blastómeros.
Hacia el tercer día después de la fecundación llega al útero un conjunto de unas 16 células, tan apretadas que parecen una masa sólida. Recibe el nombre de mórula, «pequeña mora». Dentro del útero flota libre varios días más, sigue dividiéndose hasta reunir cerca de un centenar de células y se alimenta de secreciones del endometrio, la llamada leche uterina, mientras el revestimiento se engrosa.
Las células segregan entonces líquido y se ordenan alrededor de una cavidad llena de él, el blastocele. La estructura resultante es el blastocisto. Tiene dos partes. Un grupo interior, la masa celular interna, es el que se convertirá en el embrión. La cubierta exterior está formada por los trofoblastos, células que más tarde darán lugar al saco coriónico y a la parte fetal de la placenta, el órgano que intercambia nutrientes, desechos y gases entre la madre y el embrión.
Antes de poder pegarse, el blastocisto tiene que salir de la zona pelúcida, la cubierta de glucoproteínas que rodeaba al óvulo. Los trofoblastos liberan enzimas que la degradan y el blastocisto sale por la abertura, un paso conocido como eclosión.
Al final de la primera semana, el blastocisto toca la pared del útero y se adhiere a ella a través de los trofoblastos. Si el endometrio no está del todo desarrollado, el blastocisto se despega y busca otro sitio mejor. Cuando la adhesión se mantiene, las células más superficiales del trofoblasto se fusionan entre sí y forman el sincitiotrofoblasto, una masa con muchos núcleos que digiere células del endometrio y deja el blastocisto firmemente anclado. La mucosa del útero responde reconstruyéndose y envolviéndolo.
El trofoblasto también produce una hormona, la gonadotropina coriónica humana (hCG). Ordena al cuerpo lúteo, la estructura que queda en el ovario tras la ovulación, que siga vivo y crezca. Así continúa fabricando progesterona y estrógenos, dos hormonas que impiden que el endometrio se desprenda con la menstruación. La implantación se completa hacia mediados de la segunda semana.
Después, dentro del blastocisto implantado, las células de la masa interna se organizan en un disco de dos capas. Se abren dos espacios a ambos lados: el que da origen al amnios, el saco que se llena de líquido y rodea al embrión, y el que forma el saco vitelino, que aporta algunos nutrientes y una circulación primitiva durante la segunda y la tercera semana. En la tercera semana, ese disco pasa a tener tres capas mediante la gastrulación, y comienza el periodo propiamente embrionario.