Cómo funciona
Los psicólogos describen la emoción como la suma de cuatro piezas: una experiencia subjetiva, una expresión (gestos, voz, conducta), una valoración cognitiva y una respuesta del cuerpo, como un cambio en el ritmo del corazón o sudor. La valoración cognitiva es el juicio con el que la persona calcula cómo le afecta una situación. El orden exacto de estas piezas no está resuelto, y algunas pueden darse a la vez. El estado de ánimo, en cambio, dura más, es menos intenso y no responde a algo que se vive.
Las teorías clásicas discrepan en el orden. La de James y Lange sostiene que primero se activa el cuerpo y después aparece el sentimiento. La de Cannon y Bard propone que ambos ocurren a la vez pero por separado. La de Schachter y Singer añade que la activación del cuerpo se interpreta según el contexto. Y la teoría de la valoración, que inició Magda Arnold y reformuló Lazarus, afirma que primero viene el pensamiento y que de él depende la emoción. Para Lazarus, esa valoración es inmediata y a menudo inconsciente.
El experimento de Schachter y Singer, de 1962, ilustra cómo se mezclan cuerpo y contexto. A un grupo de hombres se les inyectó adrenalina, hormona que reproduce los cambios de la reacción de lucha o huida. A algunos se les avisó de esos efectos y a otros no. Después esperaron junto a un falso participante, colaborador del equipo, que actuaba con euforia o con enfado. Quienes no esperaban la activación contaron más euforia o enfado, según lo que habían visto.
En el cerebro, buena parte de este trabajo corre a cargo del sistema límbico, un conjunto de estructuras ligado a la emoción y a la memoria. Incluye el hipotálamo, que participa en activar la reacción de lucha o huida; el tálamo, que reparte la información de los sentidos; la amígdala, que procesa información emocional y la transmite; y el hipocampo, que integra la experiencia emocional con el pensamiento.
LeDoux describió dos caminos para un estímulo de miedo. En el primero, la información pasa del tálamo directamente a la amígdala, y es rápido. En el segundo, pasa del tálamo a la corteza, la capa externa del cerebro asociada al razonamiento, y de ahí a la amígdala, lo que permite procesar más detalles. Zajonc defendía que algunas emociones preceden a la interpretación cognitiva, como el miedo ante un ruido fuerte e inesperado. De ahí que algunas reacciones parezcan vencer al razonamiento: la vía corta llega antes.
Hay otra fuente de decisiones poco meditadas, y no es emocional. Una heurística es un atajo mental, una regla práctica que ahorra tiempo y esfuerzo pero no siempre lleva a la mejor decisión. El impulso a usarla aparece en cinco situaciones: cuando hay demasiada información, cuando el tiempo es limitado, cuando la decisión no importa, cuando se dispone de muy poca información y cuando una regla adecuada viene a la mente en ese momento.
Frente a ambos mecanismos está la parte frontal del cerebro. El lóbulo frontal interviene en el razonamiento, el control del movimiento, la emoción y el lenguaje, y dentro de él la corteza prefrontal se encarga de las funciones cognitivas de nivel superior. El lóbulo frontal controla los impulsos y está conectado con el sistema límbico.