Cómo funciona
Una célula en apoptosis muere porque ella misma pone en marcha su destrucción. Le llega una señal y responde con un programa que ya llevaba preparado. La señal puede salir de la propia célula, por ejemplo cuando está dañada, o llegar desde fuera.
Sirve de imagen un puesto de mercadillo que se recoge solo. El aviso puede darlo el ayuntamiento, desde fuera, o el propio tendero cuando ve su género estropeado. La comparación falla en un punto serio: el tendero vuelve al día siguiente y la célula no vuelve. Lo que se describe aquí es una muerte.
El tamaño de un tejido, que es un conjunto de células que hacen el mismo trabajo, depende de un equilibrio. A un lado están las células que nacen y al otro las que se pierden. En la plaza ocurre igual: caben puestos nuevos si otros se recogen. La apoptosis retira las células que sobran, las dañadas y las que ya no sirven, y así el tejido se mantiene estable.
Vista desde fuera, la célula primero se encoge y después se rompe en trocitos. Cada trocito queda envuelto en membrana, la capa fina que rodea a la célula, y recibe el nombre de cuerpo apoptótico. Las células vecinas se comen esos trocitos. En el mercadillo, todo va a cajas cerradas y los puestos de al lado se llevan las cajas.
Como nada se derrama, el tejido de alrededor apenas se altera y no se inflama. En experimentos se ha visto que los trocitos pueden formarse y desaparecer en menos de 24 horas. El dato vale para esos experimentos y no se puede aplicar sin más a cualquier célula.
Por dentro trabajan unas moléculas que cortan proteínas, como unas tijeras: las caspasas. Están apagadas mientras no hay señal. Cuando la señal llega, se activan y cortan las proteínas de la célula, y ese corte es lo que la desmonta. Son el cúter del tendero, guardado en su funda hasta que llega el aviso.
Existe otra manera muy distinta de morir, la que sigue a un golpe o a una lesión grave, y se llama necrosis. Ahí falta el orden: la célula se hincha, su membrana se rompe y lo que lleva dentro sale fuera. Ese contenido vertido puede provocar inflamación, la reacción de alarma del cuerpo. Sería el puesto atropellado por una furgoneta, con el género por el suelo y los servicios de limpieza acudiendo.
En el embrión, esta muerte ordenada también da forma a los órganos. Los dedos se separan porque mueren las células que hay entre ellos, igual que se recoge una fila entera de puestos para abrir un pasillo. En la extremidad que se está formando no hay un gen maestro que ordene morir. Señales de cada lugar deciden qué zonas mueren, como si cada tramo de la plaza recibiera su propio aviso.