Cómo funciona
Toda célula nace al final de la división de otra. Desde ese instante recorre una secuencia de etapas que termina cuando ella misma se divide. Esa secuencia es el ciclo celular: cuatro fases en un orden que no cambia, G1, S, G2 y M.
Las tres primeras forman la interfase, el periodo en que la célula no se está dividiendo. No está quieta. En la fase G1, cuya letra viene del inglés gap, «intervalo», la célula crece. Es la fase de duración más variable: una célula humana puede pasar en ella un par de horas o muchos días.
Después llega la fase S, de síntesis, donde la célula copia su ADN, la molécula que guarda sus instrucciones. El ADN está repartido en piezas llamadas cromosomas: una célula del cuerpo humano tiene 46, organizados en 23 parejas, por lo que el ser humano es diploide. Los óvulos y los espermatozoides llevan solo 23.
Copiar ese ADN es un trabajo de escala difícil de imaginar. Si se pusieran en fila los 46 cromosomas de un solo núcleo, medirían unos dos metros, con un grosor de apenas 2 nanómetros. La célula que los contiene mide unos 10 micrómetros. El ADN cabe porque se enrolla. Primero se enreda alrededor de unas proteínas, las histonas, y queda unas siete veces más corto; luego ese collar se pliega en una fibra de 30 nanómetros y el cromosoma queda unas 50 veces más corto que estirado.
Al terminar la fase S, cada cromosoma tiene a su lado una copia exacta, unida a él: cada una de las dos mitades es una cromátida hermana. Una célula humana pasa así a tener 92 cromátidas. La fase S suele durar entre 8 y 10 horas, y le sigue la fase G2, de unas 5 horas, el último tramo antes de dividirse.
La fase M es la división propiamente dicha y en una célula humana típica dura entre 1 y 2 horas. Empieza con la mitosis, el reparto del ADN copiado, que pasa por cuatro etapas: profase, metafase, anafase y telofase. Para repartir las cromátidas, la célula construye el huso mitótico, un andamio de microtúbulos, tubos finísimos de proteína. En células animales hay tres tipos. Los cinetocóricos se enganchan al cinetocoro, el punto de anclaje de cada cromosoma; entre 20 y 30 de ellos se agrupan en un haz. Los astrales, cerca de los polos, orientan el huso. Los interpolares no tocan los cromosomas.
En la metafase, las cromátidas hermanas se alinean en el centro de la célula, en la llamada placa metafásica. Ya condensadas, miden alrededor de 1 micrómetro de diámetro y se ven con un microscopio óptico corriente. En la anafase, que dura pocos minutos, cada pareja se separa y una cromátida viaja hacia cada polo.
Falta partir la célula. Esa última etapa es la citocinesis. En los animales, un anillo contráctil hecho de actina y miosina, las mismas proteínas que mueven los músculos, estrangula la célula por la mitad; esa banda alrededor del centro es el surco de división. En las plantas, que tienen una pared rígida, se construye una pared nueva entre las dos hijas.
Nada de esto avanza a ciegas. El ciclo tiene puntos de control, momentos en que recibe la señal de seguir o de detenerse. En el de G1, la célula debe estar lista para copiar su ADN. En el de metafase se comprueba que todas las cromátidas estén bien enganchadas al huso y alineadas; si alguna no lo está, se impide que empiece la anafase.
Quienes empujan el ciclo son dos familias de moléculas. Las ciclinas se unen a unas enzimas llamadas CDK, quinasas dependientes de ciclina, y las encienden. Una CDK activa fosforila otras proteínas, les añade un grupo fosfato que cambia su comportamiento, y así hace pasar la célula a la fase siguiente. Para frenar, los puntos de control inhiben las CDK o hacen que se destruyan las ciclinas.
Hay además una salida del ciclo: la fase G0, una fase de reposo en la que la célula deja de avanzar hacia la división.