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Publicado: 28-09-2006
Antonio Liras, Profesor de Fisiología en la Universidad Complutense de Madrid. aliras@hotmail.com
En ocasiones, cada vez más frecuentes, acontecen hechos que inquietan a la sociedad y en particular a aquellos que siguen apostando por la Bioética. La Universidad debe aglutinar la universalidad del conocimiento y ser la encargada de su transmisión y mantenimiento pero, también, debe constituir un espacio en el que se infunda el sentido ético que es necesario para el desarrollo de toda labor en el campo de la Biología y la Biomedicina. Se ha de tener en cuenta que aunque los conocimientos científicos se encuentran de forma desbordante en la naturaleza y que, por tanto, su descubrimiento es imparable, esto no significa que el investigador, como hombre, no tenga límites. El límite lo establece, precisamente, la Bioética. Por tanto, la universalidad armónica del conocimiento, que se propugna con la creación del Espacio Europeo de Educación Superior, deberá perseguir también el establecimiento de las bases bioéticas necesarias para que la credibilidad de la ciencia y su progreso, en beneficio de la sociedad que la promueve y sustenta, sean una realidad.
EL PROCESO DE CONVERGENCIA HACIA UN ÚNICO ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR
Aunque ahora nos planteamos en firme la posibilidad de un Espacio común Europeo de Educación Superior (EEES), los primeros antecedentes se remontan a la publicación de la Carta Magna de las Universidades Europeas, firmada en Bolonia el 18 de septiembre de 1988 con motivo del IX Centenario de su Universidad. Allí, ya se señalaba una colaboración futura entre los distintos países europeos en la toma de conciencia sobre el papel crucial que las Universidades debían jugar en una sociedad dinámica que se internacionalizaba cada día más. Sus principios que fueron claros y que todavía son vigentes, se basaban en pensar que el porvenir de la humanidad depende en gran medida del desarrollo cultural, científico y técnico que se genera en las Universidades en donde se asume la tarea de difundir los conocimientos hacia las nuevas generaciones y hacia el conjunto de la sociedad en su porvenir cultural, social y económico. Pero, además, el papel de la Universidad es asegurar a las generaciones futuras una educación y una formación que permita el respeto por el equilibrio del entorno natural y de la vida.
Planteado esto así las implicaciones, casi obligadas, son que la Universidad, en sociedades organizadas de forma diversa por sus idiosincrásicas condiciones geográficas e históricas, es una institución autónoma que, de manera critica, transmite la cultura por medio de la investigación y la enseñanza pero y esto es fundamental con una independencia moral y científica fuera de todo poder político y económico. Por tanto, la libertad de investigación, de enseñanza y de formación, como exigencias fundamentales, son el principio motor de la Universidad por el cual, lejos de la intolerancia, la hacen un lugar de encuentro privilegiado entre profesores, que tienen la capacidad de transmitir el saber mediante la investigación y la innovación, y estudiantes que tienen el derecho, la voluntad y la posibilidad de enriquecerse con ello.
Son, por tanto, estos principios fundamentales de esta Carta Magna la base para el establecimiento de un EEES mediante el cual la Universidad pueda mantener una constante preocupación en atender al saber universal, lo que significa ignorar toda frontera geográfica o política para alcanzar ineludiblemente una transmisión recíproca de conocimientos y el enriquecimiento interactivo de unos pueblos con otros.
BASES PARA LA CONVERGENCIA EUROPEA EN LOS CONOCIMIENTOS Y LA ÓPTIMA INCORPORACIÓN LABORAL
Aunque la idea inicial de la Unión Europea se orientó desde una perspectiva económica a través de la apertura de fronteras y la creación de un espacio económico común, ahora ha sido inevitable, también, la convergencia en otros ámbitos como los jurídicos, los sociales y los educativos.
Aunque la base fundamental del EEES se estableció con la Carta Magna de las Universidades Europeas, el proceso de convergencia europeo en el ámbito de la enseñanza superior ha seguido un proceso que todavía continua. Así, la Declaración de la Sorbona de 1998 y la de Bolonia de 1999, iniciaron el proceso de la convergencia entre los distintos sistemas nacionales de educación para la implantación de un Espacio Europeo de Educación Superior antes de 2010. El Comunicado de Praga (2001), firmado por 32 países, reafirmó este objetivo, recogiendo las conclusiones de la reunión organizada por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE) de 2001 en Salamanca, de la Convención de Estudiantes de Goteborg en ese mismo año y de las actividades de la Asociación Europea de Universidades.
Los puntos clave en los que se debe trabajar y que se postularon en la Reunión de Berlín de 2003 y en el Encuentro de Bergen de 2005, son la adopción de un Sistema de Créditos de Transferencia y Acumulación (ECTS) y el establecimiento de un sistema docente basado, fundamentalmente, en dos ciclos (Grado y Postgrado), con titulaciones que cualifiquen para la inserción en el mercado laboral, acompañado todo ello de la implantación de un Suplemento Europeo al Título y la evaluación de los niveles de calidad. Además, se deberán establecer las pautas generales sobre la promoción de la movilidad, el establecimiento de un sistema de créditos, el reconocimiento de carreras y de instituciones de educación superior y de estudiantes, y la promoción de la dimensión y atractivo del EEES.
En el año 2010 el Espacio Europeo de Educación Superior tendrá que ser una realidad en un marco común de armonización y convergencia, desde el respeto a la diversidad. Los aspectos esenciales de la reforma se relacionan con una educación considerada desde el aprendizaje; una estructura y concepción de las titulaciones según perfiles profesionales; una reflexión pausada sobre los objetivos, competencias y conocimientos; la adopción de metodologías docentes similares y la importancia de la actualización de los contenidos. Todo esto implicará una reorganización conceptual de los sistemas educativos para adaptarse a los nuevos modelos de formación centrados en el trabajo y el aprendizaje con la participación activa de profesores y alumnos, en un replanteamiento del contenido, en la atención más personalizada y en una mejor coordinación entre el profesorado. De esta forma, el currículo, considerado como la teoría y practica de la planificación, proceso y evaluación de las experiencias en el aprendizaje y la enseñanza, se deberá organizar con el fin de concretar una serie de finalidades y objetivos que se traduzcan en una serie de competencias del estudiante, después de su proceso formativo, útiles para su futuro desarrollo profesional.
El currículo indicará lo que el estudiante debe aprender pero también orientará sobre su socialización futura en su campo profesional, transmitiendo no solo cultura científica sino también la social y la humanística, promoviendo determinadas inquietudes y compromisos. Se intentará, en definitiva, flexibilizar los procesos de aprendizaje y cualificación a través del ECTS para garantizar la movilidad de los estudiantes dentro de la Unión Europea. El crédito europeo, como unidad de medida educativa, deberá cuantificar el trabajo realizado por el estudiante para cumplir los objetivos del programa de estudios que le permita el acceso al mercado laboral europeo.
UNIVERSALIDAD BIOÉTICA DE LOS CONOCIMIENTOS EN LA ENSEÑANZA DE LA BIOLOGÍA Y LA BIOMEDICINA
Según el ideario fundacional de la Universidad, allá por el siglo Xll, ésta debería reunir la universalidad del conocimiento la Medicina (Universidad de Salerno); el Derecho (Universidad de Bolonia); la Teología (Universidad de París); las Humanidades (Universidad de Oxford) y ser la encargada de su transmisión y actualización. Este objetivo debe ser continuado a lo largo de la historia porque es el fundamento del enriquecimiento del conocimiento humano sobre el mundo, siempre dentro de un marco de libertad y responsabilidad. Según la UNESCO, este objetivo sólo se cumplirá cuando la calidad de la educación se base en una alta capacidad investigadora y docente del profesorado, pues la excelencia de la enseñanza superior universitaria se fundamenta en la actualización científica y pedagógica.
Los que se dedican a la docencia superior universitaria se cuestionan en ocasiones y en vista de una falta de ética de algunos profesionales entre los que podemos también incluir a los investigadores si se debiera plantear el intento de transmitir, además de unos conocimientos teórico-prácticos, el “sentido” ético, necesario para investigar y transmitir esos conocimientos, y hacer de la Universidad un espacio de aprendizaje ético. Pero, sin embargo, es difícil enseñar algo que sale de dentro de la persona porque pareciera que la ética y la moral nadie nos las hubiera inculcado nunca, y que vistas las características de lo humano, no existen reglas, ni docentes ni sociales, para evaluar lo bueno y lo malo. Se podría partir de una idea básica, fácilmente comprensible, como es que los conocimientos científicos se encuentran de una forma desbordante en la naturaleza y que, por tanto, su descubrimiento es imparable, pero eso no significa que el investigador, como hombre, también lo deba ser. El límite lo establece, precisamente, la bioética cuando nos referimos a la Biología y a la Biomedicina.
Pero la pregunta inmediata es plantearse qué es la Bioética desde un punto de vista conceptual. Si se revisa la historia pasada, el sentido más antiguo de la ética era el de “aquél lugar donde se habitaba”, pero según los griegos no se trataba de un lugar físico sino de aquél “interior” en el que el propio hombre se guardaba a sí mismo. Para la doctrina aristotélica la ética y la política coincidían mientras que para Kant la ética representaba un individualismo exacerbado que pretendía la perfección de uno mismo. A parte de estos apuntes históricos que representan el origen del concepto actual de la ética, podemos decir que la ética es la forma de actuar y de asumir de forma responsable las consecuencias de una conducta propia. Por esto, las referencias son, inevitablemente, las categorías del bien y del mal.
El origen de la Etica Médica es contemporáneo a Sócrates (469-399 a.C.). De hecho si se recuerda el Juramento Hipocrático, de esa misma época, las premisas que en él se contemplan se relacionan con el juramento ante los dioses y aunque la medicina no estaba reglamentada como profesión, el concepto de ética ya estaba aflorando. El Juramento Hipocrático aúna al médico como humano y como técnico según sus tres máximas fundamentales: beneficio para el paciente, aliviando sus necesidades de enfermedad; profesionalidad y dedicación del médico, al margen de la corrupción y el interés personal y, confidencialidad, preservando los datos y privacidad clínica del paciente. Así, la ética y las terapias deberían ir forzosamente de la mano. Es obvio, por otra parte, que estando basado este Juramento en la racionalidad lógica de un acto como es el sanitario en el cual lo que está en juego es lo más preciado para el hombre como es su salud, su vigencia y su aplicabilidad, a lo largo de los tiempos, deben ser imperecederas, al menos, en sus aspectos básicos y generales.
El cambio en el concepto de Etica Médica se produjo en el siglo XX y continua todavía en nuestro actual siglo XXI de tal forma que ha supuesto una reorganización de mentalidades en investigadores, médicos, pacientes, compañías farmacéuticas y administraciones públicas, aunque muchas veces no caminen por la misma senda. El Código de Nuremberg de 1947, puso la primera piedra de la Etica Biomédica, estableciendo el consentimiento voluntario de las personas y unos requisitos científicos mínimos. Después, la declaración de Helsinki adoptada por la 18ª Asamblea Médica Mundial en 1964 y enmendada y ampliada en Japón 1975, Venecia 1983, Hong Kong 1989, Somerset West 1996 y Edimburgo 2000, asentaría sus cimientos.
A pesar de todas estas normalizaciones legales y declaraciones internacionales de buenas intenciones sobre Etica Biomédica, en pleno siglo XXI, muchos investigadores sienten un cierto retroceso o, al menos, una “falta de progreso” en el desarrollo de protocolos de investigación éticamente convenientes.
Pareciera una trivialidad la cuestión, ya que todos tenemos la idea de que la Bioética es o debería ser un concepto universal y que, por tanto, no nos deberíamos plantear de forma específica si es posible lograr una convergencia europea en la enseñanza de los principios bioéticos, pero la realidad es que, pese a todo, nos seguimos planteando la duda de si la Bioética puede ser universal o no. Lo primero que hemos de pautar es el concepto de Bioética y llegar a un consenso internacional, en general, y europeo en particular, que en principio deberían coincidir.
Aplicando la metodología docente basada universalmente en que un ejemplo ilustra más que mil palabras, independientemente del idioma, podríamos rememorar algunos hechos que, al menos, parecen bioéticamente cuestionables. Así, por ejemplo, en el año 1953, Watson y Crick publican en la revista Nature la estructura del ácido desoxirribonucleico y en 1962 ganan por ello el Premio Nóbel de Medicina; el hallazgo no hubiera sido posible sin la famosa “fotografía 51″ de cristalografía de rayos X “fisgada” sin consentimiento realizada por Rosalind Franklin, investigadora de origen judío fallecida en 1958 que fue relegada y desprestigiada por el mero hecho de ser mujer (¿o judía?) y a la que nunca reconocieron el mérito. Jesse Gelsinger era un muchacho de 18 años del Estado de Arizona que padecía una deficiencia de ornitina transcarbamilasa y que confiaba en sus médicos; fallecía después de recibir un tratamiento de terapia génica [17 de septiembre de 1999] en el Instituto de Terapia Génica de la Universidad de Pensilvania en Estados Unidos debido a una mala monitorización de la investigación clínica, fallos en los consentimientos informados y la no notificación por parte del equipo investigador sobre los efectos secundarios observados tanto en la fase preclínica como en la clínica. Año 2000, J. Hendrik Schon, de los laboratorios Bell, es cesado y más de una docena de sus artículos retirados después de que se descubriera que había inventado datos sobre superconductores y electrónica molecular. Marzo de 2001, se retira del mercado un anestésico por provocar 5 muertes por bronco-espasmo. Agosto de 2001, un prestigioso laboratorio farmacéutico internacional retira su medicamento contra el colesterol porque más de una treintena de muertes así lo decidieron. Año 2005, otro gigante farmacéutico estadounidense es condenado a pagar 208 millones de euros por la muerte de un paciente tratado con un antiinflamatorio.
Nos preguntamos, pues, si es posible que se lleguen a olvidar los conceptos fundamentales relativos a los derechos humanos y animales. ¿Será necesario inculcar en la Universidad el concepto de Bioética como concepto plural para la actuación libre?. Porque… no debemos olvidar que, como muy bien nos recuerda Craig Venter impulsor de la secuencia del genoma humano el control de nuestro destino biológico está, cada vez más, en nuestras manos.
La Bioética intenta relacionar nuestra naturaleza biológica y el conocimiento realista del mundo biológico, con la formulación de políticas encaminadas a promover el bien social y a respetar al ser vivo y a su entorno. Esto se puede referir directamente al hombre mismo a nivel individual, de población o de especie o indirectamente cuando el problema bioético afecta a su entorno ecológico. La Bioética consiste, por tanto, en el diálogo interdisciplinar entre la vida (bios) y los valores morales (ethos); es decir, trata de hacer juicios de valor sobre los hechos biológicos, en el sentido más amplio del término, y obrar en consecuencia. La cuestión es si esta globalidad de la Bioética puede traducirse en una Bioética universal. En otro contexto, el teólogo Hans Küng en su libro “Proyecto de una ética mundial” reafirma la convicción de que es imposible sobrevivir sin una ética mundial y que un mundo único no necesita ciertamente una religión o una ideología unitarias, pero sí un talante ético fundamental basado en normas, valores, ideales y fines obligatorios adaptado a los nuevos problemas de la Humanidad. Esto, claro está, exigirá una nueva reflexión y una flexibilización de nuestra mente para afrontar nuevos parámetros. Ante este planteamiento, aflora inevitablemente la idea de construir un mundo plural en el que puedan convivir personas con distintas tradiciones culturales, religiosas o ideológicas.
¿CUÁL PUEDE SER EL “MODUS OPERANDI” PARA INCULCAR LA BIOÉTICA EN LA UNIVERSIDAD DEL FUTURO EEES?
De forma objetiva, se puede afirmar que sí podemos enseñar a nuestros alumnos los puntos esenciales de la ética tanto en la investigación como en cualquier otra actividad relacionada con la Biología o la Biomedicina. En primer lugar, debemos considerar el aspecto de la individualidad de cada persona a la hora de desarrollar una labor investigadora. De aquí se deriva, con sus riesgos, el derecho de libertad como ser individual y que en principio nadie nos puede cuestionar. En segundo lugar, y teniendo presente que en las últimas décadas la investigación se ha centrado de forma decisiva en el estudio de distintas moléculas farmacológicas sobre los propios pacientes, es de obligado cumplimiento, en estos casos, acatar las normas de orientación ética de los distintos informes, códigos y declaraciones internacionales. Es evidente que si la labor investigadora no tiene validez científica, es decir, no genera conocimientos válidos, por definición, esa labor no será ética. Pero no podemos olvidar tampoco su validez social ya que los conocimientos científicos, convenientemente elaborados y presentados, son patrimonio de la sociedad en la que se generan, y no son de explotación y beneficio personal del investigador, ya que aquella invierte recursos sociales para ello; si esto no es así la ciencia tampoco será ética.
Lo mismo que la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU de 1948 puede considerarse un código básico de ética, seria necesario establecer una Declaración Universal de Bioética que fuera aceptable en todo el mundo. A este respecto la UNESCO ha aprobado la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos con el objeto de definir las normas universales en materia de Bioética. Esto puede representar el punto de partida para una adecuada orientación pedagógica de la Bioética en la Universidad tanto a nivel mundial, en general, como europeo en particular, ya que considera el ideal democrático de dignidad, igualdad y respeto hacia la persona y rechaza todo dogma de desigualdad entre razas y personas. De esta forma, se podrá encauzar el desarrollo científico y tecnológico en consonancia con la transformación social en beneficio de las futuras generaciones.
EDUCACIÓN GLOBAL EN BIOÉTICA EN EL EEES
Esta Declaración de la UNESCO, en su artículo 23, destaca la importancia de la educación, información y formación en Bioética para procurar una mejor comprensión de los problemas éticos ligados a la ciencia y la tecnología. Se repite de alguna forma lo que se postulara en la Declaración Universal de 1997 en que se solicitaba a los gobiernos la promoción de la educación y formación en Bioética a todos los niveles.
En este contexto es, por tanto, de suma importancia hacer hincapié en la necesidad de “educar en Bioética” a aquellos discentes cuya actividad profesional vaya a ser la científica, la medio-ambiental o la médico-asistencial, pero habrá que hacerlo también con la sociedad en general. Esta labor, claro está, se inicia en la Universidad ya que sus “aprendices” serán los encargados de difundir de forma objetiva sus conocimientos a la propia sociedad, aunque muchas veces, los dilemas éticos se engendren en los propios profesionales, que con falta de objetividad y condicionados por sus ideologías u otro tipo de presiones, desvirtúan la información que ofrecen a la sociedad.
El EEES brinda una muy buena oportunidad para “educar” desde un punto de vista bioético y no solo sobre la base de una oferta de conocimientos. La formación de los profesionales debe ser integral en cuanto a la adquisición de competencias profesionales pero, además, respecto a otros aspectos de su futura labor profesional como persona, máxime cuando el avance tecnológico de las últimas décadas ha abierto nuevas posibilidades de intervención sobre la vida humana como nunca antes, en la historia de la humanidad, se habían planteado. Entre las competencias globales a lograr por los estudiantes del futuro EEES en cuestiones de Bioética se puede hablar de:
• Respeto a la biodiversidad, al diálogo interdisciplinar entre científicos, profesionales de la salud, juristas, filósofos, teólogos… y a la transmisión de los avances científicos y tecnológicos.
• Conocer las amenazas para cualquier forma de vida, haciendo una llamada a la responsabilidad de los seres humanos para la protección de la biodiversidad y la biosfera.
• Reconocer la primacía de la persona sobre el interés de la Ciencia y de la propia sociedad.
• No discriminar en razón del estado físico o mental, situación social, enfermedad o características genéticas ni utilizar éstas para la estigmatización de un individuo o de un grupo.
• Respeto a la autonomía de la persona (principio bioético de autonomía) en la toma de decisiones sin que su ejercicio atente a la autonomía de otros.
• Conocer la necesidad de los consentimientos informados libres, razonados y explícitos para cualquier investigación clínica o científica y para cualquier tratamiento o diagnóstico en seres humanos.
• Compartir los beneficios de la investigación científica y sus aplicaciones con el conjunto de la sociedad y la comunidad internacional.
• Evaluar los riesgos graves o irreversibles para la salud pública, en general, y para el bienestar de los individuos y el medio ambiente en particular.
• Independencia en la valoración de proyectos de investigación o en la toma de cualquier decisión relacionada con preceptos bioéticos, haciendo partícipes a las diferentes corrientes socio-culturales, religiosas y filosóficas.
La Bioética en el futuro EEES, como “materia interdisciplinar”, hará reflexionar sobre el complejo mundo de la ciencia y de la ética en su conjunto aunando conocimientos científicos que se deben actualizar cada vez más rápidamente con conocimientos antropológicos y éticos. El estudiante como futuro profesional, tendrá que asimilar que la ciencia, en su imparable avance y desarrollo sin cortapisas, es la encargada de responder a preguntas, en ocasiones simples pero a la vez de mucha trascendencia. También tendrá que asimilar que la Bioética representa la brújula que guía la responsabilidad de las acciones humanas en el ámbito científico y profesional.
LA BIOÉTICA COMO NEXO DE UNIÓN ENTRE CREDIBILIDAD DE LA CIENCIA Y SOCIEDAD
La Bioética, como una nueva disciplina de nuestro siglo, va a contribuir a la estabilización de la relación médico-investigador-paciente introduciendo nuevos valores en la práctica de la medicina y la investigación. Se insistirá en la distinción entre hechos y valores y entre ética y ciencia médica, disminuyendo un innecesario e injustificado paternalismo del médico hacia el paciente en esta relación, siempre en beneficio del propio paciente. Se incrementará la autonomía del paciente en su capacidad de decisión y, sobre todo, el respeto a las personas que en determinadas ocasiones “actúan”, en la vida real, como pacientes sin deseado.
El investigador no es un individuo aislado en función solamente de su afán por el descubrimiento del conocimiento y la verdad. Más bien, por el contrario, se encuentra inmerso en una sociedad que cambia a lo largo de la historia y a la cual se debe saber adaptar, pues los momentos son diferentes y los objetivos sociales de valoración y exigencia hacia la ciencia pueden variar. Pero, en general, siempre la sociedad coloca al investigador en un punto central conocedora de que a la postre los científicos, a través de su labor investigadora, dan solución a los problemas que en ella se plantean de orden económico, social o de salud pública. Lo que sí es cierto, también en desgracia, es que el científico va muy deprisa, como un ejecutivo, y actúa, también muchas veces, con cierta superficialidad.
La fuerza que ejerce la ciencia sobre la sociedad se debe basar, fundamentalmente, en su capacidad para la resolución de problemas sociales y la transmisión de conocimientos científicos y, esencialmente, en su credibilidad que emanará por necesidad de su imparcialidad y objetividad. Porque si la ciencia no es creíble no tendrá impacto sobre la sociedad pero es que, además, sólo se podrá hacer una ciencia creíble si ésta es buena ciencia, lo que significa que se ha de basar en los principios fundamentales de la ética y de la autocrítica más “severa”, características éstas que la diferencian claramente del concepto de ideología. De esta forma, existirá una confianza “vital” entre científicos y sociedad pero también entre los propios científicos entre sí.
Las auditorias, tanto internas como externas, deberán velar por el cumplimiento de los principios éticos que guían toda investigación tanto básica como clínica, para que la investigación y la labor médico-asistencial como actividades puramente vocacionales se basen en el aún vigente, Juramento Hipocrático y se orienten hacia el bien social aunque esto nos parezca utópico y demasiado idealista.
CONCLUSIONES
La convergencia europea va a suponer una armonización económica entre los países miembros pero también un compromiso de “hermanamiento” entre los pueblos ya que el nuevo Espacio Europeo de Educación Superior va implicar una convergencia en la formación y enseñanza integral de las propias personas de los propios pueblos. Pero, además, va a suponer un reto en el avance tecnológico en común ya que las nuevas tecnologías aplicadas a la Biología y a la Biomedicina van a exigir nuevas normas para desarrollar una labor éticamente consecuente, especialmente como ya es una realidad cuando el patrimonio genético de un individuo pueda estar en juego, por su posible repercusión en las siguientes generaciones o, de forma más inmediata, en su entorno social y laboral más próximo.
El futuro consistirá en aunar y converger, mediante una misma adquisición y aplicación de los conocimientos, actividades profesionales tales como las medio-ambientales, las médico-asistenciales, las docentes o las investigadoras, en donde la Bioética tendrá que ir de la mano y hacer de estas actividades una forma de mejorar el bienestar e incrementar el progreso de la Humanidad.