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Carta abierta: Homosexualidad ¿Trueque de Cantidad en Calidad?

Publicado: 01-03-2006

Hernan Juan Muscio, Universidad de Buenos Aires-Conicet
http://misitio.fibertel.com.ar/hernanmuscio/Index.shtml

Ele manuscrito Homosexualidad ¿Trueque de Cantidad en Calidad? tiene principalmente dos fallas importantes que invalidan los argumentos. Paso a comentarlas y pido disculpas por la jerga científica que es inevitable.

Primero:

Las poblaciones humanas evolucionaron como un diseño que privilegia la calidad de las crías (K selected especies) y crecen de manera acelerada especialmente después de la última glaciación, hace 11.000 años. No está en nuestros genes evitar la calidad, sino optimizar nuestro fitness darwiniano. Minimizar la calidad de las crías es propio de las ostras.

El razonamiento de que cierto número de personas con la capacidad de involucrarse sexualmente con individuos de su propio sexo llevará a la disminución de la tasa de incremento poblacional es totalmente ilusorio. Desde la ciencia podemos plantear que la disponibilidad de los recursos es la variable clave. Pero como esta se incrementa – a partir de tecnologías de mayor eficiencia- no es de esperar que nuestra especie decline en cantidad. Lo esperable es una mayor expansión, en la escala temporal evolutiva, hacia espacios no poblados.

Gays y Lesbianas contribuirán reproductivamente o no a esto, como lo han hecho siempre, millones de años antes de que estos rótulos transitorios aparecieran como iconos de identidad.

Segundo:

El manuscrito supone que las personas que entablan relaciones eróticas con personas de su mismo sexo cromosómico son reproductivamente estériles. Esto es ingenuamente falso, y como veremos eclipsó buena parte del estudio evolutivo de la sexualidad humana. Pero antes algo más. Homosexualidad no es una categoría válida en biología evolutiva.

Lo comúnmente aceptado en la ciencia actual es la denominación: “comportamiento sexual homoerótico”. Este rasgo biológico de conducta está disperso en distintas especies de diversas familias de animales (los chimpancés bonobos, nuestros compañeros del camino evolutivo, son especialistas en estas artes). La base genética del comportamiento homoerótico en los humanos recién comenzamos a conocerla, pero está demostrada.

Lo cierto es que si persiste como expresión alélica, es porque esta conducta fue selectivamente ventajosa en nuestro pasado evolutivo.

Dado su pobre desempeño reproductivo, la altísima frecuencia del comportamiento homoerótico en el reino animal desconcertó a los biólogos evolutivos, que como E. Wilson buscaron su explicación adaptativa en el marco de la selección de parentesco (kin selection), la contribución brillante de Hamilton a la biología evolutiva.

Se propuso que, de manera similar a otros instintos de especies eusociales – como por ejemplo los insectos de colmena- se trataba de un rasgo manifiesto en un individuo estéril que favorecía a otro individuo reproductor con quien compartía genes. Por ejemplo, se dijo que un individuo homosexual podía ayudar en la crianza de la cría de su hermano heterosexual, y al hacer esto se preservaba el acervo genético de ambos, el primero indirectamente y el segundo directamente.

Este pool génico compartido debía incluir los genes que codifican el comportamiento homoerótico. Esta es la noción de fitness inclusivo, o indirecto. Esta hipótesis, matemáticamente elegante al considerar las distancias génicas de Hamilton, podía explicar la frecuencia casi constante de entre un 15 y un 25 por ciento de personas con comportamientos homoeróticos en diferentes poblaciones humanas. Sin embargo, un detalle no menor fue mortal para este modelo: ¡Voila las personas que entablan relaciones homoeróticas se reproducen sin necesidad de acudir a lo noción de fitness inclusivo!

Pero los biólogos evolutivos, sin pérdida de elegancia matemática, pacientemente encontraron una explicación enteramente parsimoniosa con el principio de selección natural al comportamiento homoerótico y a su evolución. Resulta que la ventaja adaptativa de la conducta homoerótica es, en muchas especies, el mantenimiento de alianzas entre individuos del mismo sexo que beneficia a los miembros de la coalición.

Es decir que en su evolución y persistencia el comportamiento homoerótico contribuyó a la adaptación de los individuos que entablaron tales alianzas, aumentando su fitness somático (de supervivencia). Por ejemplo, dos compañeros leones pueden entablar una coalición de prelación que depende del placer homoerótico, y al cazar en compañía ambos aumentan mutuamente la eficiencia de caza per cápita.

La reproducción es otra cosa. Sobre esta base se entiende que los individuos con comportamientos homoeróticos pueden ser tan prolíficos como aquellos que no manifiestan esta conducta. Dejando de lado la discusión científica ¿quien duda de que gays y lesbianas se reproduzcan?

Cualquier ciudad humana, como cualquier banda de Bonobos está felizmente habitada por una buena cantidad de padres y madres que se divierten y establecen vínculos eróticos y emocionales con individuos del mismo sexo. Sino fuera así la naturaleza sería aburridamente binaria, menos esplendorosa de lo que se nos manifiesta, y Atenas nunca habría sido la ciudad más densamente poblada del Mediterráneo mientras la ciencia nacía.